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martes, 21 de julio de 2009

El victimismo como filosofía política



Muy buen enfoque de Luis Fernando Valero.
Compartimos párrafos significativos.




Política - Populismo

“Desde que el ser humano está sobre la tierra, el río subterráneo por vivir mejor ha sido la constante de su proceso evolutivo y la esclavitud ha sido, sin ninguna duda, la que más ha marcado al ser humano y contra la que más se ha luchado para poder ser libre, hacer lo que uno cree que debe hacer.
Frente a este sentimiento también subyace otro que es hacer culpable a los demás de aquellos logros que no se consiguen y ser bastante proclives a hacer a los demás responsables de nuestras desgracias, cuando en verdad somos nosotros mismos los que no somos capaces de conseguir lo que deseamos ya que la pereza, la desidia, la cobardía, etc. nos impiden tener la fuerza de voluntad necesaria.
El discurso que el jueves pasado dijo Obama en la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP siglas en inglés) es muy significativo, pues si esto lo hubiera dicho un blanco estamos seguros que la indignación subiría hasta el cielo, pero… lo ha dicho un negro y además un negro Presidente de los Estados Unidos y elegido por el pueblo.
A los negros norteamericanos, políticamente correcto llamados afroamericanos, les ha dicho claramente que no hay excusa para los fracasos personales y que el victimismo de los negros no es motivo para no aceptar las propias decisiones.
Y así ha exclamado: “Tenemos que decirle a nuestros hijos: sí, si eres afroamericano, las posibilidades de crecer entre delincuencia y las bandas son mayores; sí, si vives en un barrio pobre, te enfrentarás a dificultades que algunos en los barrios ricos no tienen que padecer. Pero esas no son razones para tener malas notas, esas no son razones para faltar a clase o abandonar los estudios. ¡Basta de excusas! Nadie ha escrito el destino por tí. Tu destino está en tus manos. ¡No hay excusas!”.
…
Por ello es muy interesante que Obama haya dicho: “El gobierno tiene que ser una fuerza para proveer oportunidades, sí. El gobierno tiene que ser una fuerza para proveeré igualdad, sí. Pero, en ultima instancia, somos nosotros los que tenemos que labrar nuestro destino día a día”.
…
Michael Reid, editor de la sección sobre la zona del The Economist, ha publicado “El continente olvidado. La lucha por el alma de América Latina” en donde claramente hace un análisis de cómo a la larga el pragmatismo del día a día se irá imponiendo y el populismo de los Chávez, Morales, Correa, Kirchner, Ortega, Zelaya (ahora en desgracia) no se podrá sostener dada la realidad de la crisis y de la necesidad de una política real y objetiva de trabajo y esfuerzo y no de subvenciones y manipular as las masas diciéndoles que el gobierno proveerá o permitiendo invasiones y manifestaciones patrióticas en donde las utopías se realizan por la palabra y la manifestación bajo las canciones y las banderas.
Obama lo ha dicho bien claro: “Deseo que los jóvenes de color aspiren a ser algo más que jugadores de baloncesto o raperos, deseo que se quieran preparar para ser doctores, científicos, maestros, jueces o presidentes de los Estados Unidos”.
> http://www.elfaro.net/secciones/Opinion/20090720/opinion3_20090720.asp

martes, 26 de mayo de 2009

La izquierda a la derecha








Política - LatinoAmérica

Es necesario reiterarlo.
Fueron cinco microensayos publicados en octubre de 2004. Presentando una novedosa lectura sobre las tendencias ideológicas, un concepto de plena vigencia por lo menos en la región LatinoAmericana. Sobre el cual el ex Vicepresidente de Nicaragua Sergio Ramírez hace comentarios muy actualizados, suponemos sin conocer los microensayos mencionados. En los que involucra a Oribe y Lula, por ejemplo, como paradigmas del “acercamiento” sugerido en el título.
FF

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Las habas del diablo
Sergio Ramírez

Lula da Silva, el dirigente obrero metalúrgico que llegó a la presidencia de Brasil respaldado por una variada coalición de partidos de izquierda, sindicatos y movimientos populares, se encamina hacia el fin de su segundo mandato, según lo permite la constitución, y hasta ahora ha dicho que no pretende un tercero. La propuesta de que se presente de nuevo a las elecciones, la ha calificado como "insensatez pura", aunque hay entre sus allegados quienes insisten en convocar a un plebiscito en septiembre, que le abriría las puertas de la continuidad. Es sólo su voluntad la que pesaría en esta decisión, porque el plebiscito seguramente lo ganaría, si tiene una cota actual de 80% de popularidad.


Hay que confiar en que los cantos de sirena, pues las sirenas que medran en los palacios presidenciales multiplican sus halagos a la hora de las reelecciones, no lo apartarán de la "sensatez pura". Cuando una vez le preguntaron qué pensaba de la reelección indefinida propuesta por Chávez, respondió: "yo sólo puedo hablar por Brasil y pienso que Brasil no puede jugar con una cosa llamada democracia" mucha gente sufrió para consolidarla". Son opiniones de un estadista que se ha hecho a puro pulso porque no salió de ninguna universidad.
Con esto no hacía sino recordar que Brasil había padecido una dictadura militar de veinte años, entre 1964 y 1985, y antes, la dictadura de un líder populista, Getulio Vargas. Lo cual no es una referencia gratuita para un continente que ha soportado en el pasado las tiranías como una maldición de la historia; y no pocas de ellas comenzaron con gobernantes al principio populares, electos de buena fe por los votantes, que se sintieron favorecidos, o seguros, bajo su mando.
Y es aquí, en la voluntad de quedarse en el poder, eso que siempre hemos llamado continuismo, donde la frontera entre izquierda y derecha se borra. El presidente Álvaro Uribe de Colombia, tiene 70% de respaldado popular, y aunque insiste en que su reelección para un tercer período "no sería conveniente", ya el Congreso que él controla abrió las puertas para llamar a un referéndum donde es seguro que la población diría que sí a que siga en el poder. Su rechazo parece nada más un trámite escénico, rehusar la corona para terminar poniéndosela de todos modos.
De uno y otro lado, entonces, se cuecen las habas del diablo, en los calderos de la izquierda, y en los calderos de la derecha. El presidente Chávez perdió el referéndum por el que buscaba quedarse para siempre, pero luego ganó otro, que le permite quedarse todo el tiempo que quiera. Nadie puede decir que ni en Colombia ni en Venezuela no se trate de acciones legítimas, porque los mecanismos legales son cumplidos y se llama a los votantes a decidir. Pero no siempre lo legítimo viene a ser lo sensato, o como dice José Saramago, "la primera precaución consistirá en no confundir nunca la ley con la justicia". O con la sensatez. Porque eso de querer quedarse un gobernante, porque se cree imprescindible, es una historia que las más de las veces termina en tragedia, y para esto sólo basta repasar nuestra historia.

Muchos quieren quedarse, y todos alegan buenos motivos, el primero de ellos la obra inacabada, el proyecto político personal que requiere de más años de los que tiene un simple período presidencial. El peligro de que otro eche a perder lo logrado. Viejas razones, viejos pretextos. Es una especie de fiebre mesiánica que parece estar de vuelta, como un péndulo que no cesa de ir y venir en la historia. Evo Morales, el presidente de Bolivia, Rafael Correa, el presidente de Ecuador, y hasta Manuel Zelaya, el empresario ganadero presidente de Honduras, quiere quedarse también, alentado por el ejemplo de Chávez, quien parece ser el arquetipo de la nueva era de continuismo que se cierne sobre nuestras cabezas.
Y para eso tampoco se necesita ser popular, ni ganar un referéndum con amplio margen. En el caso del presidente Daniel Ortega, el 66.4% de los nicaragüenses rechaza su reelección, y sólo el 17% aprueba su gestión en el gobierno, según una última encuesta. Y ya tenemos la muestra del fraude electoral en las elecciones municipales del año pasado, una especie de ensayo que demuestra su voluntad para reelegirse a cualquier costo, no importa lo que la mayoría piense.
¿Será ésta la nueva regla política latinoamericana, la del líder único y perpetuo, debidamente electo, o, si es preciso, electo fraudulentamente? Algunas veces escucho decir que la reelección sin fin es un asunto común a la democracia europea, y que los primeros ministros y presidentes de gobierno permanecen en el poder mientras los votantes sigan eligiéndolos, y no por eso la democracia sufre mengua. ¿Por qué no, entonces, también entre nosotros?
Lo que deliberadamente se olvida, al usar este argumento, es que se trata de regimenes parlamentarios, donde los pesos y contrapesos institucionales se hallan debidamente establecidos, los tribunales de justicia funcionan de manera independiente a la voluntad arbitraria del poder político, y hay controles estrictos para impedir los actos de corrupción que en América Latina vienen a ser peor que plaga de langostas. A nadie se le ocurre tampoco usar artimañas para reprimir partidos políticos, acallar a la sociedad civil, apañar el nepotismo, o comprar al remate la voluntad de los diputados en los parlamentos para lograr reformas constitucionales.
Y también se olvida que si nuestras constituciones tanto se empeñan en prohibir la reelección, por lo que lo primero es correr a reformarlas y quitarles los candados que tienen puestos contra el continuismo, es porque las experiencias de nuestra historia así lo han mandado, y nos enseñan que las reelecciones han desembocado siempre en tiranías.
Hay que buscar como apagar entonces los fuegos donde se cuecen las habas del infierno, en unos y otros calderos.”
Masatepe, mayo 2009.
> http://www.sergioramirez.com/
> http://www.ar.terra.com:80/terramagazine/interna/0,,OI3786580-EI12868,00-Las+habas+del+diablo.html